Amigos

sábado, 1 de septiembre de 2012

ESTAR LEJOS ESTAR CERCA II













La televisón habla del mundo, dicen
que es del mundo que habla; las mujeres
se han hecho soldados, granadas
en campos de batalla, enemigos desconocidos.
Los hombres prefieren matar a distancia,
morir a distancia, vivir, así es la vida.

Ah! que mundo tan loco,
ya no da vueltas, se ha ido.
¿Dónde está el mundo vagando, libélula?

He salído a la calle;
 extravíado círculo de fuego, fuego extravíado del
fuego
y del incendio, rodando.
No me reconocen los niños,
el mundo
la calle, las cochinillas, la caída del sol en las aceras.
Te digo que no es lo mismo,
yo no lo he visto...las moscas son ciegas.



Beatriz Osornio Morales, imagen de la red.

martes, 14 de agosto de 2012

La distancia del negro


Otra noche en el nudo (ciego) del insomnio
y esta sed  obscena crece como un
derruido anillo del diafragma
donde a tientas tropiezo
con  unos labios quebradizos
Las sílabas resecas se hacen trizas
convirtiéndonos en desiertos nocturnos
No se distingue nada
desierto yo y desierto las palabras
sólo  respiro un polvo de labios cerrados

A los ojos los traspasa como clavos
la distancia del negro
Imposible profanar
nuestra hora de luz en la zona
media noche
pero el olfato recuerda en la lluvia
 la desnudez
un aroma con vehemencia cálido
 y del fuego que canta las cosas que se cantan
su llama arde en silencio
mientras danza el aroma su candor
derrocha el frío
recuerda que

Cuanto más  se agiten  
oscuridades internas
 más debates  se ganan  
en favor de los infiernos

Este fuego que protegemos
con las manos
a lo largo
de un camino de tierra suelta
no cesa de inventarnos
Nos creemos incendiarios
y nuestro fuego bufa en el aire
triunfante
pero este  fuego es gentil
libertador
en la distancia del negro

Beatriz Osornio Morales. imagen de la red.

domingo, 24 de junio de 2012

Del Ciego que midió el tiempo en pasos XI (final)


XI


Te lleno los ojos


                         de invisibles cuerpos…


                ondulando con


             un dedo


tembloroso


                     tu voz,


invento una piel a su luz


en las tinieblas,


                    y es mía,


 tu lengua que alumbra en mí


visionarias palabras:


                                            Es un deleite de amar,


desde el ojo-corazón agónico                                            
                                                         del ciego.





Beatriz Osornio Morales, imagen de la red.


Nota. Con este número da fin la travesía de nuestro invidente protagonista por su andar de percepciones y tropiezos. Espero que los que lo acompañaron desde el principio hayan disfrutado algo. Los que le salieron al encuentro, pueden sentirse cómodos arrastrando el ratón hasta la segunda entrada, donde el poema da comienzo. Por el momento no sé qué hacer con el blog, así que dejaré abierto por un tiempo, quizá dar tiempo a más lectores. Después, cabe la posibilidad de que baje el poema completo y comience a subir algún otro poema seriado...quizá.




martes, 19 de junio de 2012

Del Ciego que midió el tiempo en pasos



X

Continua marcha
hacia el aroma de anís,
la hora prometida.

Un solo signo
guía la imagen, desnuda.
Línea que principia
como eco anticipado,
al grito atraída por murmullos,
el amoroso caos
de la creación.


Beatriz Osornio Morales



Nota: El final se acerca, este es el penultimo numero de este poema seriado.

lunes, 11 de junio de 2012

El RECLAMO

Ella dice que se irá a cualquier lugar donde no ha estado; se irá a Paris, Buenos Aires, Alabama...En fin, no tiene nadie a quien darle cuentas, dice. Y lo dice al encender un cigarrillo, ni más. Debe ser mentol, el aire huele. El humo empieza a inundar la estancia, pero yo intervengo antes de que se llene la casa. El humo es muy dañino en los embarazos.

-Ah, lo siento, dice. Y sale con el cigarro todavía encendido.

Yo continúo tejiendo el suetercito verde. Metiendo con propósito el hilo, sin deficultad. Sacando con el gancho la nueva cuenta, y verificando el número de puntos en la cadenita, mientras pienso en los pocos lugares en los que he estado.

El segundo embarazo realmente nos está costando más que el primero. En el primero, todavía posteaba textos con más atrevimiento, mis ficciones tenían originalidad, siempre pasaba algo. Ahora, nunca pasa nada en mis cuentos. Para colmo, Gonzalo se quedó sin trabajo. No aguanto los mareos. Mi hijo el mayor tiene casi cuatro años y absorve toda la atención que puedo dar.

Observo en la cuenta que se me escapó un punto en la vuelta anterior del tejido. Deshago las cadenas. El hilo que se desteje queda chino y algo destorcido cuando la hebra es doble.

En seguida, Rosalba regresa.

-¿Ya?
-Sí, ya. No he podido dejar esta madre. El año pasado no fume durante dos meses, y no sé ni cómo volví al vicio...y a mí que tanto me gusta, me dice eso. Y dice que está feliz de viajar. ¿Quién no? Antes nos ibamos juntas a todas partes. "Luego te casaste y las cosas cambiaron" Lo dice ne tono de reclamo.

Yo miro desde la silla por la ventana hacia afuera, donde se consume todavía el filtro del cigarrillo en el piso, echa un hilillo de humo casi imperceptible, para quedar sin más, convertido en basura...


Beatriz Osornio Morales.

lunes, 4 de junio de 2012

Del Ciego que midió el tiempo en pasos IX



















Este número en particular, dedicado a todos aquellos que gozan del placer de la música

IX

Ruidos ajenos, pero cercanos
al bosque de mi habitación,

llenan de música la penumbra, mas

la música viene de otra cámara,

de una mujer

que descansa el violín entre sus piernas,

(es una media luna) acorde pausado

por sus dedos
se fuga al contratiempo,  gemido

…ramificación de luz

en la ceguera.


Beatriz Osornio Morales. Imagen tomada de la red.

jueves, 24 de mayo de 2012

Del Ciego que midió el tiempo en pasos VIII

VIII
Un canto de colibrí
entre los muertos.
Escaleras abajo
el sabor a dos bocas.
Tu risa cuando no es mía
duele de aquí a
no recuerde.
Descender.
Tocar con  pared,
encontrarse una vez más
minutos arriba, escalar y topar.
Descender inútilmente, hasta
que se agote el tiempo,
descomponga el reloj
de las rodillas, y minuto a minuto
arremetido,  dar tres pasos más.
Atrás, por fortuna y felicidad
ya hemos cruzado
el agujero negro de tu pelo.


Beatriz Osornio Morales, imagen de la red.