IV
En el aeropuerto sigue
yéndose tu voz por los
pasillos,
incontables pasos, horas de
camino
anda su perfume sin abrir
los ojos.
Justo (en el) arranque de motores;
se diluye tu risa en la que adivino
un vestido rojo… tu voz,
voy impregnado de ella
de sus fragancias sonoras,
(anuncian los altavoces)
“pasajeros con destino a la
luz”
El lugar se ilumina de tu
rostro invisible.