
Vivo en un país que se enriquece de las guerras.
Algunos van a la guerra por una hamburguesa con papas al día,
para llenar el insaciable tanque de un auto,
el grasiento sartén de un manjar sureño.
Aquí he comprendido por primera vez
el significado de la supervivencia, la gente
piensa que vive, como yo antes de venir.
Esta no es la vida. Estar vivos sería
tener suficiente silencio para reconocer
nuestras voces en medio de los gritos multimedia,
las explosiones y los discursos que las justifican.
El ruido y los estruendos que escuchas en este momento,
no los he producido yo, ni tú, ni siquiera los soldados.
Yo no lance los bombardeos, ni destruí
los cuerpos de esas niñas en la escuela.
Esto es simplemente el ricochet que producen las armas
de los que compran el poder,
las radiaciones incandescentes de la estupidez detonada,
es la furia burocrática que juega con fuego
y estalla la casa del vecino.
Beatriz Osornio Morales. Imagen de Pinterest
4 comentarios:
En efecto. Las guerras las provocan otros, pero las sufrimos los demás.
Saludos
Hola /cayetano, gracias por pasarte por aquí y comentar. Lamentablemente así pasa. No me gustan las guerras.
Saludos cordiales.
Beatriz, gracias por tu visita...Las guerras son muestra de que faltan los valores humanos, impera la ley de la selva y es una pena, porque el mundo marcha sin orden, ni concierto.
Mi abrazo entrañable y mi ánimo, amiga.
Gracias a ti, Ma. Jesús, así siento que el mundo va a la deriva.
Aquí seguimos en pie.
Abrazos de regreso.
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